Debería estar acostumbrado al cinismo del Ayuntamiento de Valencia, pero no, sigue sorprendiéndome.
Los que más presumen de amar la ciudad y de defender las tradiciones son los mismos que destruyen por acción u omisión su patrimonio. En la foto se puede observar lo que queda de un grupo de casitas en la calle Sagunto. El método es conocido: Se abandonan. Se deja que sean "okupadas" y que se degraden y al final son los propios vecinos los que suplican que se derribe ese foco de suciedad.
La defensa de la tradición para Rita y los que la apoyan es sólo una escusa para seguir cortando el bacalao al "estilo años setenta". ¡Que tropa!
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