En efecto, en una sociedad en la que la preocupación por la salud y por el medio ambiente es cada vez mayor esta ruta hacia las playas y la Dehesa sería la envidia de cualquier ciudad.
En cambio, en Valencia, parece que la administración la ha hecho a la fuerza. Su mantenimiento es inexistente. Los destrozos de los vándalos no se reparan. La basura de los que hacen botellón no se recoge y por supuesto no se multa a quién comete estas tropelías. Mientras, la autopista del Saler (que debería estar en la historia mundial de la infamia) disfruta de una medianera limpia y con el césped cortado.
Seguramente Rita y su cohorte de pelotas no lo han visto. Por desgracia los Audi A8 no caben por un carril bici.
Muchos turistas extranjeros si que lo ven y se llevan una lamentable imagen de Valencia.
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