¡Qué falta nos hace un espíritu crítico que a la manera del escritor austríaco
Thomas Bernhard ponga a la burguesía valenciana en el sitio donde le corresponde: en el estercolero!
Es sabido el efecto positivo o negativo que las élites tienen en el desarrollo de un país: tienen influencia política y económica, son modelo y se las imita. Es verdad que con la aparición de la TV de Internet ese efecto ha quedado minorado pero también es cierto que todavía tienen poder. Por ello me irrita la racanería de la burguesía valenciana.
Para mantener sus ridículos privilegios nunca han dudado en alimentar la paranoia anticatalana.
Para seguir viviendo sin doblar el espinazo no dudan en vender el (nuestro) paisaje por cuatro duros. La cultura y la educación son para ellos armas del diablo aunque luego tengan que huir en sus zapatos de Loewe cuando la "chusma" los rodea.
No viajan, o si viajan no se les nota. Alguna vez que los he visto en el extranjero en pequenos y gritones rebaños se asemejaban a grupos de "Pacos Martinez Soria o Alfredo Landa".
No leen. O si leen son panfletos "provincianos" o libros de algún tóxico tertuliano madrileño.
Les sublevan los "liberados sindicales" pero toleran una administración ineficiente y sospechosa.
Van a misa pero machacan a los débiles (inmigrantes, servicio doméstico).
En fín... que losa nos ha caido...